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UN NUEVO ESTILO PARA EL VIEJO FADO PORTUGUÉS, PERO CON LAS CANCIONES AUN LLENAS DE EMOCIÓN
Cuando Dulce Pontes empezó una canción cuyas letras decían "meu amor" en el Carnegie Hall el jueves por la noche, las llenó de emoción: deseo, seducción, picardía, desesperación, fuerza. Fue el canto del fado portugués por excelencia, con largos suspiros en descenso y tempestuosas dinámicas al alza, al mismo tiempo entregadas y delicadas.
La Sra. Pontes tiene una voz extraordinaria: intensa y fiel, delicada y fuerte, con una extensión igual a la de una soprano natural. Se ha convertido en una de las mayores estrellas del pop portuguesas llevando el fado hacia nuevos contextos y colaboraciones; ha actuado con Andrea Bocelli, con rockers brasileños, con guitarristas flamencos y con el compositor de bandas sonoras Ennio Morricone. Pero sigue con las raíces fijadas en la tradición, y de vez en cuando reafirma sus conexiones con ella.
En su concierto en el Carnegie Hall - que se inspira en su más reciente CD "O Coração Tem Três Portas" (Ondeia*) - utilizó el mínimo acompañamiento de guitarras, cello y piano, y guardó la mayoría de sus temas más pop para mirar dentro de la música portuguesa. El fado, en particular en el estilo de la más influyente cantante portuguesa, Amália Rodrigues, marca su canto volátil, con alusiones a la música gitana y árabe, con un elegante acompañamiento de matices barrocos.
Sobre el minucioso toque de la guitarra acústica y el redondo y agudo tono de la guitarra portuguesa, la Sra. Pontes puso buen sabor a lentos fados como "Ovelha negra" y "Nao é desgraça ser pobre", con el clásico tono de presagio y tragedia. Y lo celebró brindando con el exuberante fado "Velha Tendinha".
Tocó además temas tradicionales. "Resineiro" recibió el acompañamiento con palmas por parte del público en un cuadrado ritmo de la Beira Alta, una región de Portugal. Para la mezcla titulada "Folclore", Pontes se levantó un poco su larga falda atándola con un pañuelo a la altura de sus caderas, descubriendo sus pies desnudos y unos cascabeles atados a los tobillos.
Su guitarrista Amadeu Magalhaes, cambió a la gaita-de-foles, una gaita portuguesa, para tocar una melodía de aires celtas. Pontes se volvió al mismo tiempo cantante y bailarina, pisando con sus pies a tempo (algo parecido a la danza tradicional inglesa), imitando el trabajo en el campo y dando libertad a su voz a volverse más aguda, cruda y más rústica. Se ha tocado música folk completada con el cello, pero con gran energía.
La Sra. Pontes actúa en los escenarios europeos, y se ha quedado sorprendida de como ha dominado al público del Carnegie Hall, cuando le ha dado pie a cantar y luego el público se ha reído. E incluso cuando ha cantado con desgarro y aflicción, le ha transmitido felicidad, signo de una herencia portuguesa característica.
Jon Pareles
New York Times
Trad. española por fancantante
* Corrección del traductor.
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