Cuando
no canta, Dulce Pontes es tan divertida, risueña y hazta pizpireta que
se olvida el oyente de los abismos que frecuentan sus cuerdas vocales.
Fadista descastadilla pero atroz defensora del fado, esta heredera de
Amalia elige ahora el folclore y la música ancestral (como dice que ya
hizo su maestra) para presentar en el Grec un concierto que reúne sus
antiguas canciones con sus nuevas exploraciones. Por ejemplo, instantes
íntimos con ella sola al piano. "Nunca hago una gira igual a otra",
asegura para el que pueda pensar que ya conoce el espectáculo . Todo lo
contrario, el directo para ella es "un gran balón experimental", y cada concierto es "único".
Por eso tiene ganas de batirse con la acústica del escenario catalán,
donde seguro podrá desucubrir nuevas cavidades de su voz.
Pregunta.- Primera vez en el Grec, hábleme de su directo. Respuesta.- Estoy deseando cantar allí, es un sitio
emblemático y tengo muchas ganas de conocer su acústica, porque sé que
es especial. Estoy preparando cosas al piano para tocarlas allí, porque
no hago una gira igual a otra, incluso dentro de la misma gira preparo
distintas cosas. No soy de seguir el ritmo de disco-gira. Siempre he huido de la repetición.
El directo es un balón experimental, siempre te da espacio para la
improvisación, para sorprenderte a ti misma y también al público. Saca
de mí cosas que a veces desconozco que tengo, capacidades. Estoy en un
momento transversal entre varios proyectos y doy prioridad al directo,
porque me permite explorar caminos, reflexionar, estar atenta a cómo me
siento yo para que el público pueda sentir conmigo. En definitiva, el
mío es un proceso que consiste en que yo no busco el repertorio, sino
que el repertorio me encuentra a mí.
P.- Y ahora parece que han dado con usted los ancestros de la música portuguesa. R.- Es que el folclore de mi país es muy interesante, y me he dado cuenta de que Amália Rodrigues ya consiguió traer el folclore a la tierra del fado,
solo con su voz. Yo estoy creando un imaginario folclórico, no sólo
portugués, de músicas antiguas, de cante de raíz. En eso estoy ahora, y
también acercándome al piano, porque soy una compositora un poco floja, pero me doy cuenta de que a la gente le gusta esto de mí, verme en ese momento íntimo sólo con el instrumento.
P.- La traducción más cercana a la palabra fado en español es destino. ¿A qué suena ahora el destino de Portugal? R.- Fado significa efectivamente destino, pero también fe, lo que es muy apropiado para lo que pasa en mi país.
Lo bonito del fado, un género muy eficiente para el intérprete, es que
tanto el que lo canta como el que lo escucha no está pensando, sino
sintiendo, esa es la intención de la música y eso deberíamos hacer,
sentir. ¿Qué hacer con Portugal? Habría que cambiar muchas cosas, pero ¿cómo? ¿con quién?
Hemos llegado a unas situaciones impensables. ¿Cómo ha podido
corromperse todo tanto? Sé que en mi país, como en el vuestro, tiene que
haber gente capaz. Y yo soy apolítica, pero estamos en un momento en el
que hay que luchar por la libertad.
P.- Acaba de cumplirse un año de la muerte de Saramago,
a quien usted ha homenajeado en más de una ocasión. Ante coyunturas
como la presente, ¿lo echan de menos? R.- Sí, tenemos esta sensación de que se ha ido. Todavía Portugal le debe un digno homenaje. Saramago era un hombre con una visión muy amplia del mundo, merece ser honrado. Amália Rodrigues tampoco tiene aún una calle con su nombre.
P.- No he encontrado una entrevista suya en la que no nombre a Amália. R.- Me creo muchos enemigos por esto, pero no puedo dejar de ser fiel a mis maestros, tengo que reivindicarlos.
P.- ¿Y hay alguna joven fadista que se acuerde siempre de Dulce? R.- Después de su abandono, los jóvenes han venido al fado, hay gente que quiere recuperar a los maestros, una tendencia de la que yo me diento pionera.
Hay jóvenes cantantes y me encanta pensar que he contagiado a otros,
pero todos somos irrepetibles, ¿no? Lo importante es que el fado nunca
pueda volver a utilizarse como arma política.
P.- ¿Para cuándo sus próximos discos? Y hablo en plural porque me dice que está metida en varias cosas. R.- Tengo todo a la mitad. Habrá material original en
ellos y tendrán una fuerte influencia del folclore. Uno de ellos bebe
mucho de la desnudez. Voy a cantar clásicos castellanos, portugueses. Y, ay, me está encantando "da morrir". No quiero adelantar mucho más por si lo estropeo.
P.- ¿Y sus amigos los puristas están contentos con el cambio de tercio? R.- No lo sé, me siento querida en Portugal y acepto la
crítica cuando está bien fundamentada, porque sería muy raro que a
todos les gustara Dulce Pontes. Pero hay cosas que no entiendo.
El Cultural
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