Quienes hayan escuchado "Lágrimas", "Balada del loco" o "Luz
prodigiosa" en la voz de Dulce Pontes habrán tenido una de esas
experiencias mágicas que se producen de tarde en tarde, semejantes a las
que Billie Holliday, Anna Moffo o Sara Vaughn procuraron en otro tiempo
y en otros registros. Con justicia, la cantante portuguesa ha sido
considerada una de las mejores cantantes del mundo, reclamada por
grandes maestros como Ennio Morricone o Caetano Veloso. El próximo
viernes regresará a Tenerife para inaugurar la quinta edición Festival
Musitemático de La Orotava, desde donde se trasladará a Guía de Isora
para ofrecer, al día siguiente, un segundo recital en el auditorio del
municipio sureño.
Dulce Pontes aclara que el espectáculo que presentará el próximo
viernes en La Orotava no es "exclusivamente" el concierto conmemorativo
de sus veinte años en escena. "No es el concierto del tour -aclara con
una nota de humor-, porque si fuera así ya serían 21 los años cumplidos?
En estos conciertos interpretaré temas conocidos y creaciones inéditas,
porque en los últimos tiempos percibo en el público una gran voluntad y
curiosidad de escuchar canciones nuevas; de algún modo, contradigo la
idea de que dar a conocer continuamente los mismos temas sirve para que
el público identifique mejor a los cantantes. Nunca he seguido esa regla
en mis actuaciones".
Un conjunto de ocho músicos acompañará sobre el escenario a la
cantante portuguesa. "Habrá momentos íntimos, incursiones en el fado, y
también composiciones propias que interpretaré al piano y que exploran
sonoridades clásicas", anuncia la autora de "Cançao do mar".
"Momentos" es el álbum del vigésimo cumpleaños, un conjunto de
diecisiete temas que albergan testimonios implícitos, como los recogidos
en "O mar e tu", "Uma mulher a cidade" o "Nu" ("Desnudo"). Pero Dulce
Pontes no cree que esa selección implique un retrato personal. "Sería en
todo caso un conjunto de varios retratos, presentes y futuros
-comenta-. Uno no queda plasmado en una sola cosa, no podría hacerlo,
porque sería muy aburrido. El día en que me estanque en algo, ese día
será la muerte".
Otro de los motivos recogidos en el disco trasciende el ámbito
personal para entrar en la esfera colectiva. Se trata de "Todos som um"
("Todos somos uno"), interpretado junto al tenor José Carreras. "Fue un
himno que compuse en 2007 para la proclamación de las Siete Maravillas
del Mundo, lo que no era fácil y entrañaba una gran responsabilidad.
Mucha gente que lo había escuchado en la ceremonia me pedía grabarlo. El
hecho de cantarlo junto a Carreras, y no sólo cantarlo, sino volver a
encontrar a José y estar con él, fue un verdadero privilegio", reconoce.
La cantante de Montijo también admite que le es imposible desvincular
su vida personal de la faceta profesional. "Es lo que me permite
cumplir mis compromisos -subraya-. Evolucionar es un proceso continuo en
el que tienes la fortuna de conocer gente maravillosa y abierta, que te
ayuda a experimentar con otras formas artísticas, con otras
sonoridades. Siempre me he arriesgado, pero muchas veces sin tener
conciencia de que asumía tales riesgos".
Los modos interpretativos de Dulce Pontes se basan en el sonido, pero
también el lenguaje, en el ritmo y cadencia de las palabras. "La
conjunción entre poesía y música es mágica -matiza-, pero para mí el
sonido está en primer lugar. Musicalmente hablando, la raíz de los
pueblos está íntimamente conectada con el folclore y los ciclos
telúricos, cantos antiguos que, por ejemplo, en el norte de Portugal
están relacionados con la tierra, el trabajo y la fiesta. Veo una
identidad muy fuerte entre esas expresiones populares, de hecho es el
aspecto que estoy trabajando ahora".
Una de sus colaboraciones más celebradas de la cantante fue con el
compositor italiano Ennio Morricone en "Focus". Famoso por sus bandas
sonoras, pero menos conocido por su trabajo fuera del cine, el músico
romano siempre ha escrito para la voz femenina, vocalizaciones sin
texto, hechas de melismas y modulaciones sostenidas.
"Fue un gran desafío, un desafío enorme", recuerda Dulce Pontes
haciendo casi un alto para respirar. "Morricone compone para
instrumentos solistas cuyas partes están escritas para una tesitura
superior a la voz. Había temas, como Chi mai, que vocalmente
supusieron para mí el mayor de los retos. Por otro lado, el hecho de
interpretar temas tan conocidos y amados por tanta gente te obliga a no
destrozarlos, a recrearlos en el propio idioma y con la sonoridad
adecuada para servir mejor a su poética. ¡Y pensar que grabamos ese
disco en cinco días! Fue una experiencia aterradora a la vez fascinante.
Y en lo personal, fue un privilegio colaborar con alguien que, aunque
tiene fama de exigente y difícil, demostró ser un hombre maravilloso y
un gran profesor".
En otro orden, el mito de "la barrera invisible" que separa a los
pueblos ibéricos es, para Dulce Pontes, "la tecla que siempre se pulsa" a
propósito de las relaciones entre España y Portugal.
"Creo que ese supuesto distanciamiento no tiene que ver con la gente.
Para mí es un aspecto algo confuso y que, realmente, no siento; al
revés, pienso que hay vías de acercamiento entre ambas cultura (incluso
se conoce mejor la nueva música portuguesa en España que la nueva música
española en Portugal). Si ese distanciamiento existe tendría que ver
con nuestras respectivas estructuras, pero no con nuestros pueblos".
El Día
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