Al abrigo de sus fieles seguidores, la mística y heterodoxa representante del fado, Dulce Pontes,
ofreció una cálida y apasionada exhibición el pasado jueves en el Palau
de la música catalana. La artista de Montijo interpretó, ante un
público estremecido por la fuerza de su siempre magnánima presencia,
varios de los temas que componen su último álbum Momentos (Ondeia Música - Galileo Music, 2009).
La encargada de iniciar la velada fue Silvia Pérez Cruz,
quien se ha convertido ya, a sus veintiséis años, en un referente,
merecido sin duda alguna, dentro del panorama musical de Catalunya. Su
voz, tan versátil como para bordar el flamenco, el fado, la habanera e
incluso la copla, ha sido partícipe de diversos proyectos musicales,
entre los que destacan Las Migas, Refree o Llama.
En esta ocasión, acompañada por un
contrabajista, un percusionista y una de las componentes de Las Migas a
la guitarra, desplegó un auténtico alarde de naturalidad y sentimiento
a lo largo de media docena de temas entre los que destacaron Gallo rojo, gallo negro, de Chicho Sánchez Ferlosio, Covava l’ou de la mort blanca, poema de Maria-Mercè Marça o la mítica Estranha forma de vida, que Dulce interpretaría momentos después.
Tras un íntimo saludo a cada espectador y un cálido abrazo a su público, la cantante portuguesa Dulce Pontes se sentó al piano y con la fuerza que requiere adentrarse en el fado, alzó su infinito chorro de voz con un tema de cosecha propia, A minha barquinha. Estremecedor empiece para un repertorio compuesto por los temas que han marcado 20 años de su vida.La artista navegó con destreza,
acompañada por instrumentos de viento, cuerda y percusión, entre el
dramatismo y la melancolía de Ondeia o Naufragio y la ligereza de Passa ou nao passa o Resineior atravesando por una étnica adaptación del tema Estranha forma de vida. Tampoco faltaron Chiquilín de Bacín y Volver, a modo de tango, o las tan ovacionadas Suite da Terra, Senhora do Almortão y una sorprendente interpretación del tema Cançao de embalar.
Aplauso unánime, ambiente a flor de piel y una vuelta al escenario para complacer a su público con la tan esperada Cançao do mar, seguida de una sorpresa para los allí presentes, Bendita música, de Joan Manuel Serrat. Emotiva noche la del jueves en el Palau de la música.
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