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En la hora breve de la partida a la llegada, ansiado en el retorno de la vida. O casi todo, casi nada de lo que aprendí, viví! El sueño por dentro de la película, calidoscopio mágico donde el tiempo, al final no existe. Impresión digital, golpe de bombo popular en el pecho abierto, como un cáliz ofrecido. La tierra, la guerra, Merlín, la hada morgana, el reportaje que muestra los rostros marcados, las ropas pobres, el "baile de máscaras" grotesco, el impacto en la mirada de un niño, el dolor de una mujer en una fotografía. Descubrir al final que siempre se es peregrino, en una tierra distante al atardecer.
Se abre el libro de colorear: tela-vida, colores, sabores, gestos, olores. En la mano una concha, la mano es una hoja! En la espina dorsal el tronco de un árbol, los brazos abiertos de hiedra que se escurre. Todas las estrellas una a una. El río que corre caudalosamente, los pies en la tierra mojada después de la lluvia en el amanecer. Sobretodo el espíritu, que fluctúa, en todas direcciones, el hecho de formar parte de todo y ser responsable por eso. Es preciso amar. En el pecho todos los fuegos, otra vez el volcán de los sentidos. El agua y el aire como elementos que nos subliman, que nos soportan, que nos hacen fluctuar. En la danza guerrera un primer canto, otra vez a pecho abierto, queriendo despertar. Un grano de arena. Entonces se redescubre el sitio mágico donde se vuelven a visitar todos los momentos.
El Creador se revela esplendorosamente: tintes y texturas inimitables.
El despertar de los sentidos todos encima del quinto, la ausencia total de números y esta matemática que armoniza sonidos y formas geométricas en movimiento. Que bien que exista el sol de cada día!
El faro emite el sonido de alarma permanente. La niebla se vuelve densa mar adentro. La luz enredada en la espesa red que tejió la niebla. Alguien pasa indiferente por esta orilla. Sólo el farolero rompiendo la ceguera son el sonido!
- Soy el farolero, me concentro en el sonido. Estoy con él y no duermo. La luz se detiene, el sonido está siempre presente. El sonido no se aprisiona, guía.
- Soy el pescador en la oscuridad de la brea. Soy una candela encendida que se adentra aun más que la niebla. Sigo el sonido del faro que se mezcla difuso haciendo eco a través del viento. Estaré aun muy lejos de la orilla? Marco el compás del latir de mi corazón con el sonido de una alarma traída por el viento, como el sonido del crujir de la madera en el movimiento circular de los remos. Mi vida depende de ese señal atravesando la cortina blanca.
- Siento el peso y el frío en los huesos. Hasta debajo de la superficie el pez se perdió. Ni el cielo como guía. Sólo este sonido, este compás ininterrumpido, que lleva mi barco fluctuando sin dirección visible. Sólo el sonido guiando el movimiento de los remos y el mar inmenso, reducido a la visión ensombrada de un manto blanco, red que me envuelve.
- Soy el farolero velando la noche, trayendo la vida a esta orilla. Muchas cosa puede depender únicamente de este sonido que me mantiene despierto. Mi sueño hace un bordado de ecos mar adentro: en cada línea se teje una vida, tomada por un único hilo en la noche oscura y densa. Alguien pasa indiferente por esta orilla. Sigue su sueño y dormirá en sábanas de lino, mantas de lana. Me froto las manos, caliento un té. Sigo en vigilia de los que se pierden en otra orilla.
... Parece que se rompen las nubes sin apenas tocarse...
Tajo que de blanco mar se vestía, la fragata atravesando la noche y mi abuelo, el mismo una fragata, gaviota blanca de libertad eterna, tejida por las manos de un pescador...
En la desnudez transparente, quiero despojarme de las cosas que no son.
Abro los brazos, siento un afluente de agua que lucha con fuerza para manar plenamente. Son trazos, nosotros y nudos que navegan en la barquita. A veces incluso parece que el mar la engullirá de un trago. Otras veces, pierdo penas, voy a la lucha, voy de nuevo a marejar. Otras aun, es la brisa que acaricia la vela. Porque la vida es bella, porque la vida es bella, porque la vida es bella!...
Al borde del camino paré en la planta baja. A mi lado estaba la pared blanca, anunciando la mariposa blanca, la llegada y la salida en el saludo del reflejo de él en el espejo. Pero yo no formaba parte del paisaje. El mirlo me lo contó todo, seguí sus pasos atentamente. Fue entonces que sentí el abrazo de la tierra como una llamada toda de materia vegetal y barro; (escucho pasos en el crujir de las hojas secas, serás tu?) Un olor de penas blancas fluctúa en el aire, se prende casualmente en una hoja, en una rama. Así me siento, hecha viajera -pluma, formando parte de todo lugar, participando del movimiento cíclico del aire; y siempre a lo que tiene que ser, al destino, a la fe, lo que tiene que ser, será.
Me dejé finalmente besar por el sol y al otro lado del reflejo, como un espejo, me descubrí y me desnudé lentamente. Al final era yo que besaba, y me sentía confortablemente una niña otra vez. Me acordé de la bicicleta, de las sardineras, de los saltos de princesa, del club "Beco do Esteval", de mi calle, de Catarina, y de Virinha, de Sandra, de la madrina Irene pelando mandarinas, de las comidas en casa de la tía María José y de la prima Adelaide, de los paseos con el primo Joaquim, de la escalera de madera de las escuela, de mi primera profesora D. María José, de la primera clase de música, de Lígia, de la escuela de danza (mi segunda casa), de la "madre" Anabela y de sus movimientos y canciones en dueto por encima de los decibelios aconsejables, de la abuela Adelaide danzando a la española encima de la mesa,, del abuelo Antonio tocando la concertina y bailando el fandango con dos cuchillos atados a los tobillos, pie ligero, bailarín ejemplar, "plumas" muy ágiles. Aun doy paseos en sus piernas, aun siento las callosidades de sus manos, su sonrisa franca, su voz que me llamaba "escobita, ten cuidado!", cuando hacía equilibrios en el borde del lavadero de agua, aun voy a buscar el caramelo de costumbre dentro del bolsillo del abrigo. Mi abuelo Chico Viola, almirante de la blanca fragata, mi héroe gaviota! Sólo lo vi una vez pero era exactamente como yo sabía que él era. Penas incluso. Los cassetes que nos mandab de Brasil, los tíos, los primos: "Se esta rua, se esta rua fosse minha eu mandava, eu mandava ladrilhar com pedrinhas, com pedrinhas diamantinas p'rá mamae, p'rá mame poder passar".Niña! Nos moríamos de curiosidad cada vez que llegaba una cinta de esas. Nosotros, los cuatro, a oírlos hablar, reír, cantar... El alma de todos en aquellas cintas. Nunca existió lo lejos en la realidad. No existe distancia cuando se ama. Mi madre me lo enseñó todo, hasta el sonido de las palabras y como ellas podían rimar. Era como si desde siempre supiese mi camino, los pasos, los sueños. Acostumbraba a danzar sólo para ella en las puntas de los pies. Mi Lourdes de agua: "Sempre a manha de calmarias, brisas e som; onde o sorriso sublima lento o pranto, de linho e la. Quebra - quebranto a branco puro, o minha irma; leva meu barco a porto seguro, ó minha irma...". Mi padre con la fuerza de la tierra cantando el Alentejo de nuestra alma. La humildad de sus pasos, los ojos divertidos saltando al vuelo de los pájaros, en el saltar de los peces, las historias, la vida que fui aprendiendo. "Tío Carlos cántanos un fado!" Mi hermano Luis siempre me salvó en el momento justo. Nunca fue necesario hablar demasiado para entendernos plenamente. Aprendí a jugar al ajedrez con él. Tal vez nunca se haya percibido en profundidad todo lo que me enseñó.
Al margen del camino, me dejé finalmente besar, me dejé finalmente casar. Casar en tanta saudade, que me sorprende esta saudade!... Esta risa, esta voz que salió de una garganta humana hecha instrumento, para que nos acordemos de Él. El sonido como ungüento.
Ondeia
Busqué un sonido que pudiera equivaler a la expresión más ancestral que consiguiera exprimir. Busqué una oración por el agua y sus movimientos. Busqué la voz y me sumergí en el dolor y en la fuerza de la corriente. Busqué la cascada y nadé como un salmón contra corriente. Encontré un Indio de ojos poco profundos de agua, como la bandera del amor en el gesto y en el canto. Solté el grito por la paz.
Dulce
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