Dulce Pontes lleva 20 años sobre el escenario. Ahí arriba ha acuñado su personal
manera de sentir la elegante melancolía del fado. Tiene sus detractores, que le
reprochan sus alardes vocales. Y también rendidos admiradores, que le otorgaron
hace tiempo el título de sucesora oficial de Amalia Rodrigues. Habrá que dejar
pasar los años para colocarla en el sitio justo. Ella de momento sigue a lo
suyo, que es cantar: hoy lo hace en Gerona, y mañana en el Palau de la Música de
Barcelona. Presenta su espectáculo
Momentos, en el que recorre las
canciones que han marcado su carrera:
Cançao do mar,
Estranha forma
de vida,
Ondeia... Y, además, prepara nuevo disco, con el que
pretende homenajear a España. ¿Su segunda casa? “No, la primera”.
PREGUNTA.- En
Momentos recapitula 20 años de
carrera. ¿Sensaciones?
RESPUESTA.- Bueno, es una mirada
atrás, pero también al presente y al futuro. La mayoría de las canciones del
disco no estaban grabadas, sólo las había interpretado en directos. Es un disco
muy especial porque me metí en el estudio sólo 10 días después de dar a la luz a
mi nena, en estado de gran sensibilidad.
P.- Hace un
dueto con Josep Carreras, en
Todos somos um. ¿Cómo fue la
experiencia?
R.- Recibí un encargo de las personas que
estaban organizando la elección de las nuevas maravillas del mundo para que les
compusiera una canción, algo que me hizo mucha ilusión. El arreglista de
Carreras modificó algunos arreglos, que originalmente eran más sutiles, pero ha
quedado muy bonito. Me encantó trabajar con él, alguien tan carismático, con una
carrera indiscutible.
P.- ¿Qué canción le sale desde más
adentro?
R.- De las canciones te vas enamorando, y cuando te
enamoras te las guardas ya para siempre. Así me ha pasado con
Cançao do
mar,
Ondeia, Estranha forma de vida... Pero también hay que
dejarlas respirar y experimentar distintas formas de cantarlas, para no
aburrirte.
P.- Algunos críticos insinúan que su
torrente de voz se
come, a veces, la sutileza de las
melodías...
R.- Esto es una cuestión de gustos y no merece
la pena discutirlo demasiado. A mí me agrada mucho poseer la capacidad de cantar
tímbricamente con diferentes registros. Cada canción requiere uno específico.
Hay canciones que hay que gritarlas, otras susurrarlas, otras ironizarlas... Es
verdad que escucho grabaciones antiguas y no me gustan mis agudos, que suenan un
poco atrompetados, pero eso lo he ido corrigiendo. La voz también madura.
P.- ¿Se acuerda del momento en que escuchó por primera
vez a Amalia Rodrigues?
R.- Sí, perfectamente. Fue en mi
casa cuando tenía 7 u 8 años, cuando ya me dieron permiso para poner los discos
de vinilo. Recuerdo que vi uno con una foto en blanco y negro suya y que ponía
Povo que lava no rio. No pasaba de la primera canción porque la ponía
una y otra vez, y no paraba de llorar. A ella le debo el impulso de querer
dedicarme a la música.
P.- ¿Cree que el fado ha
conseguido librarse definitivamente del estigma del
salazarismo?
R.- Los políticos han utilizado muchas veces la
música para llegar a la gente cuando sus palabras no les bastan. El fado ya
existía y tenía su valor cultural antes del régimen, y por supuesto le ha
sobrevivido, porque es una música del alma que no entiende de sistemas
políticos. El estigma fue el que padeció Amalia Rodríguez, a la que acusaban de
haber colaborado con la dictadura.
P.- Y luego se
comprobó que con quien realmente colaboró fue con el Partido
Comunista...
R.- Sí, pero hasta entonces la hicieron mucho
daño, hasta el punto de que quisiera suicidarse.
P.-
¿Percibe un interés más o menos mayoritario joven por el fado?
R.- Es un momento complicado para el fado y para la música
en general. La televisión estupidiza a la gente, las cadenas de radios insisten
radiofórmulas y modelos funcionales y las discográficas van desapareciendo... La
gente consume lo que le ponen delante, a mano. Pero siempre quedarán minorías
que buscarán más allá de lo inmediato. Esa es mi
esperanza.
P.- ¿Está trabajando ya en su próximo
disco?
R.- Sí, se titulará Nudez y en él estoy intentando
encontrar la máxima simplicidad. Ahora quiero cantar canciones españolas, en
distintas lenguas, como el castellano, el vasco, el gallego, en catalán, por
ejemplo, algo de Lluis Llach, pero bueno, no quiero adelantar más porque todavía
estoy
chocando el huevo.
P.- ¿
Chocando el
huevo? ¿Es una expresión portuguesa?
R.- No, es mía.
Quiero decir que estoy ahí, pensándolo, dándole
vueltas...
P.- ¿Siente España como su segunda
casa?
R.- No, como la primera. En estos últimos años ha sido
para mí como una madre, más que Portugal incluso.
P.-
¿No se molestarán en su país?
R.- Bueno, quien dice la
verdad no merece castigo. Y esto sí que es una expresión portuguesa.
El Cultural - El Mundo
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