|
Lo primero que te das cuenta a la hora de comenzar el concierto de Dulce Pontes ayer en Gijón es que Dulce vuelve por sus fueros, esto que quiere decir, vuelve a sus raíces. Comenzó el espectáculo al piano, interpretando un par de temas, el primero de ellos Festa na Mouraria (canción que cierra el primer disco de O Coração tem três portas). Para a posteriori, vivir la parte, a mi entender, más interesante de la velada, un set con unos cuantos fados tradicionales, que unidos al chorro de voz, y el sonido melancólico de la guitarra portuguesa, hicieron que se fuera creando una atmósfera mágica.
A posteriori, con una Dulce en plenas facultades, y solamente haciendo pausas entre canción y canción para recibir las ovaciones del público a la usanza portuguesa, comenzaría el trance de la portuguesa, demostrándonos toda clase de habilidades de baile, con unos cascabeles en los tobillos y totalmente descalza (así estuvo todo el concierto).
Pero quedaba algo por ofrecer al público que abarrotaba el Teatro Jovellanos (Las entradas llevaban agotadas desde hace tiempo), y nada más comenzar los acordes de la Canção do mar, el público rompió en un sonoro aplauso, invitándolo a participar, poniendo así la guinda final a una gran noche.
Javier González Cachafeiro
|