|
Es
un concierto que me llamaba desde hace mucho tiempo. No sabía por qué,
había escuchado muy poquito y no la había visto nunca en directo, pero
me llamaba, me llamaba a gritos, me decía que esta vez no la dejara
pasar... Y así lo hice. Las tardes frías de octubre hacen que una
incluso tenga momentos de debilidad, de quedarse en casa bajo la
mantita viendo cualquier tontería en la tele o, en el mejor de los
casos, disfrutando de un buen libro. Pero no, no lo hice, y ayer,
rozando las ocho de la tarde, salía de casa para ir a buscar a mi
acompañante de concierto, Eli, y, juntas, disfrutar de Dulce Pontes en l'Auditori de Barcelona.
Fila
8, perfecto, la sala completísima, llena. Dulce sale al escenario con
una falda preciosa que tapa sus pies descalzos y nos regala tres
canciones en las que ella toca el piano y se acompaña de un violonchelo
y un clarinete. Después entra en escena la percusión y, para completar,
a partir de la 5ª canción, 7 músicos sobre el escenario con guitarras,
percusión, clarinete, violonchelo, bajo, guitarras portuguesas, gaita y
un sinfín de instrumentos.
Dulce
no regresó al piano pero nos regaló su voz y su magia. Creo que pocas
personas me han emocionado tanto como ayer lo hizo ella. Tiene una voz
increíble, de esas que se agarran a todas las paredes de tu piel, por
dentro. Además, se nota que ella lo vive, y lo vive para ti, se deja la
piel en el escenario y cuando un artista se entrega de esa forma se
nota, el resultado es excelente. Uno de los mejores momentos fue cuando
se recogió la falda y se puso dos pulseras de cascabeles en los
tobillos. Empezó a bailar y hacía sonar los cascabeles al compás de la
música, fue un momento maravilloso que voy a conservar en la retina
durante muchísimo tiempo.
Escuchar
a Dulce Pontes es escuchar el mar en una tarde de invierno, con las
olas rompiendo en las rocas formando la espuma de los días. Es un
malecón olvidado y un suspiro en la garganta. Es el paso del
tiempodespacio, un cigarro en una terraza de primavera llena de flores,
un parque lleno de hojas de colores, una noche escuchando música en el
coche, un amanecer compartido y unos pies descalzos en cualquier playa
de Formentera. Un descontar de días, una luz en el horizonte...
Dicen que no tengo duelo, llorona, porque no me ven llorar...
25/10/2007, por Vanessa, de Acróbatas Blog
|