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Crítica del concierto en el Kursaal (11-06-07) |
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martes, 12 de junio de 2007 |
Después de su arrollador triunfo en el Carnegie Hall de Nueva York, la cantante portuguesa Dulce Pontes se presentó en el Auditorio del Kursaal de San Sebastián para presentar su nuevo disco “El corazón tiene tres puertas”. Al igual que en la Gran Manzana, cosechó un éxito arrollador ante un público entregado desde el primer momento de la noche. La cantante apareció con un elegante traje y, para sorpresa de más de uno, se puso delante del piano y desgranó las primeras cuatro canciones, con el único acompañamiento del teclado, de una flauta y un cello. Ese recogimiento que inicial fue el que marcó la tónica de la noche, sólo salpicada por algunos momentos más exuberantes, aquellos justamente cuando la cantante se recogió las faldas, y se puso a bailar. Dulce Pontes no ha abandonado el fado, pero está claro que lo empuja un poco más hacia su renovación, sobre todo en la parte instrumental. No se puede entender de otra forma la inclusión de una gaita gallega (¿o será portuguesa?) a la que la lleva a zonas de “deconstrucción”, o el trabajo del clarinetista que rememora, a ratos, los sonidos árabes. En este sentido su propuesta, al menos conceptualmente, se acerca más a la de una María Joao que a la de una Teresa Salgueiro. Con todos esos elementos, más, claro está, su portentosa voz, no es extraño que Dulce Pontes triunfase por todo lo alto en San Sebastián.
Distrito Jazz
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