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"Cuando el genio halla la música, incluso el tiempo se para a escucharla"

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"Las tres puertas de la vida son la verdad, el amor y el sueño"
sábado, 09 de junio de 2007
dulcevasco.jpgTras las recientes visitas a Tolosa de Mariza y Rogrigo Leao, con llenos en el Leidor, la mejor música portuguesa sigue llegando a Gipuzkoa, ahora con el concierto que la cantante Dulce Pontes ofrecerá el próximo lunes en el Auditorio del Kursaal, a las 20.00 horas. Recién llegada de una amplia gira por Estados Unidos, que ha tenido su punto culminante en el éxito logrado en un Carnegie Hall lleno de un público entusiasta, Dulce Pontes presenta en San Sebastián su último doble disco, El corazón tiene tres puertas.

- El título de su último disco, 'El corazón tiene tres puertas'
, está cargado de sugerencias. ¿Cuál es su interpretación?
- De una forma muy etérea, digamos, esas puertas no tienen por qué estar unas al lado de las otras, pueden estar unas dentro de otras. Desde el punto de vista de los estilos musicales, esas puertas pueden corresponder al folclore, la música popular portuguesa o incluso la música medieval, pero también indican que una canción puede comenzar como un fado, que se transforma poco a poco en un fandango o en un lenguaje más popular. Por ejemplo, el tema Os amantes, que es una versión de una canción de Edith Piaf y Theodorakis, casaba muy bien, por sus características armónicas y melódicas, con el fado. Por otra parte, esas tres puertas también se corresponden con tres cosas que considero muy importantes: la verdad, el amor y el sueño, aunque no necesariamente en ese orden, depende de las fases de la vida.

- ¿Este disco es la culminación de todo lo que ha hecho hasta ahora?

- Más que una culminación, yo lo veo como un primer paso en una dirección, en la que ejerzo de productora y arreglista, y busco un sonido más auténtico y verdadero, quizás no tan perfecto, pero con la calidez del directo, y utilizando la acústica de la iglesia de Santa María de Obidos y en el convento de Cristo de Tomar. Quizás en el resultado final habrá cosas que se podrían perfeccionar, pero no me interesa la perfección, prefiero la espontaneidad y la autenticidad.

- ¿Ha conseguido lo que quería?

- No totalmente, pero eso era parte del juego. Lo importante es que esas tres puertas a las que me refería, han sido respetadas. Tengo fama de obsesiva, me gusta hacer las cosas lo mejor posible, pero a veces las cosas que escuchas en tu cabeza son imposibles de plasmar en la realidad, o las condiciones resultan adversas. Para los músicos no resulta fácil tocar sin amplificación, pero para mí resultó muy reconfortante, muy agradable. Las dificultades también ayudan a que las cosas salgan de una manera diferente a lo previsto, pero es un desafío interesante. Creo que la forma en que se ha grabado el disco tiene un encanto muy particular, aunque no esté bien que lo diga yo y pueda parecer inmodestia.

- ¿El espectáculo que lleva ahora en esta gira es similar al del disco?

- No, las cosas siempre van cambiando. Aunque en la gira interpreto muchos de los temas del disco, también estoy presentando temas nuevos. Y los ya grabados van adquiriendo matices diferentes, introducimos arreglos distintos, y damos más importancia a la sonoridad del oboe, que me encanta, y a la percusión. Hay una guitarra acústica más, y se ha enriquecido bastante el conjunto. Yo creo que las canciones tienen vida propia, y van creciendo a medida que se va desarrollando una gira. Y a mí me gusta dejar espacios libres en los conciertos.

- ¿A qué se refiere con esos espacios libres?

- Dejo espacio a la improvisación. Eso no se consigue inmediatamente, sólo es posible cuando los músicos se van conociendo y van logrando una compenetración y hablan el mismo lenguaje.

- ¿El público ayuda a rellenar esos espacios libres?

- Sí, por supuesto. Hay un tema en el que siempre dejo cantar al público, que hace el coro, y yo voy improvisando un poco, mientras la dinámica instrumental va bajando poco a poco y me quedo sola con el público. Y es muy bonito, porque en cada sitio el resultado es distinto. Hace unos días, en un concierto en Estados Unidos, había en la segunda fila una espectadora que era cantante de ópera. Ella empezó a improvisar maravillosamente y la cosa acabó al revés, yo me sumé al público y ella hizo el solo. Todos acabamos aplaundiéndola. Y eso me encanta, ese encuentro de emociones que rompe la barrera entre el público y el artista.

- Ha colaborado con muchos músicos, desde Ennio Morricone y Caetano Veloso a Kepa Junkera. ¿Qué encuentra en esas colaboraciones?

- Inspiración. Todos son músicos muy especiales, que tienen un lenguaje muy propio, y ponen mucha emoción en lo que hacen. Y eso para mí es una inspiración enorme, es como correr sobre un caballo maravilloso. Kepa Junkera me enseñó muchas cosas, siempre está tocando. Me encanta la lengua vasca, me gustan mucho las lenguas antiguas, como el griego, por su sonoridad y porque saben decir muchas cosas con pocas palabras.

- ¿Y qué tal se lleva con los tradicionalistas del fado, teniendo en cuenta que usted lo ha mezclado con otras músicas incluido el pop?

- Hay opiniones para todo, como es lógico y saludable. Pero en cierta forma vivo en una isla, que también forma parte de una península. He ido muchas noches a casas de fado y he cantando de forma improvisada y nunca me he sentido rechazada.

- ¿Cómo fue la experiencia de llenar el Carnegie Hall hace unos días, y con una gran respuesta por parte del público neoyorkino?

- Me encantó sobre todo porque la acústica de ese lugar es maravillosa. También ha habido momentos muy bonitos en Miami o Philadelphia, pero en el Carnegie Hall fue especial, no tanto por la fama de la sala, como por la acústica, que es increíble.

- ¿Le influyó el hecho de que Amalia Rodrigues actuara ahí en su día, abriendo la música portuguesa a Estados Unidos?

- No, cuando estuve hace dos años en el Carnegie Hall se produjo una confusión graciosa, porque vino un señor preguntando si había llegado ya Amalia Rodrigues. No siento su figura como un peso, cada año aparece alguna cantante que es presentada como 'la nueva Amalia Rodrigues'. Yo le tengo mucho respeto como la gran mujer y la gran inspiración que ha sido para mí y para el fado en general, pero no siento su figura como un peso.

- ¿Cómo va la preparación del himno de la Declaración Universal de las Nuevas 7 Maravillas del Mundo que se celebrará el 7 de julio?

- Ya está terminado. Intenté hacer algo que pueda cantar cualquier persona, que tenga un carácter universal, y transmita la idea de que todos somos uno, aunque no en el sentido globalizador, que eso no me parece nada bien. Tiene que ver con mi forma de componer, con un cariz clásico. Me sentí muy orgullosa de que me hicieran este encargo como compositora y me hace mucha ilusión cantarlo junto a Josep Carreras.