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"O coração tem três portas" es la nueva aventura musical de una artista tan necesaria como Dulce Pontes. Y vuelve a la escena discográfica después de su disco con Ennio Morricone (2003), como editora independiente, productora, arreglista, compositora de siete temas, pianista en seis canciones y mezcladora del sonido. Un plus de responsabilidad y un control férreo que siempre le ha gustado asumir. El viaje retorna a las raíces del fado, del folclore, de las ambientaciones medievalistas, de la amplia y rica música popular portuguesa, en definitiva. Pero Dulce nunca se ha limitado a copiar, a imitar. Como diría Siddharta Mitter, crítico del Boston Globe, "ella es muy original, demasiado incluso, lo cual representa una virtud". Dulce Pontes pertenece a la estirpe de los artistas capacitados para las grandes gestas, como recuperar el fado para las nuevas generaciones en la década de los 90.
Su último trabajo, un doble CD con 26 temas, se divide en dos partes. El primer disco se ha grabado en actuaciones en directo, y representa el lado más orgánico de la música. La primera puerta alumbra cinco fados tradicionales, interpretados a cara de perro, sin aderezos ni sofisticaciones, como un acto de amor. "Ovelha negra", un homenaje a su admirado Fernando Maurício, está acompañado por dos guitarras portuguesas como se hacía antaño. El desgarro continúa con "Maldição" y se atenúa como un bálsamo en "Cigano". La amaliana "Não é desgraça ser pobre", interpretada a lo Pontes, antecede al recuerdo castizo de Lisboa de "Velha tendinha", con ese vigor que hizo célebre a Hermínia Silva. Aquella alumna aventajada del álbum "Lágrimas", años después es la maestra, la voz de las voces.
La segunda puerta se abre de par en par al folclore y la canción de autor. Es la propia Dulce la compositora de los temas "Ou passa ou não passa", con ritmo de fandango ribatejano, y la ácida y corrosiva "Palhaços encapuçados", todo un ataque frontal contra la corrupción política y la usurpación de la democracia. Está escrita en clave portuguesa, pero su mensaje es universal.
La adaptación de "Resineiro", una canción de oficios de la Beira Alta, y la conmovedora nana "O meu menino é d'oiro", dedicada a su hijo José Gabriel, es un tributo a Zeca Afonso. La voz de Dulce adquiere unos matices sobrios en esta fase del primer CD, que se confirman a lo largo de los once minutos y medio de "Folclore". El arreglo es excepcional al entrelazar tres melodías del acervo popular luso y crear una atmósfera vanguardista con la larga introducción del violonchelo de Davide Zaccaria y la gaita de Amadeu Magalhães, dos instrumentos de timbres opuestos. El clímax se vuelve hipnótico cuando suena la guitarra portuguesa, con líneas arabescas, y la percusión uniforme del adufe. Ella realiza fraseos limpios y vocaliza improvisaciones minimalistas. También es colosal la adaptación de "Os lobos é ninguem", con un violonchelo que dialoga con el jazz y una guitarra que marca un frenesí rítmico. Dulce canta y declama la angustiosa poesía de Tinoco, con un definitivo acento tanguero de la escuela de Astor Piazzolla.
Dulce se sienta al piano y llegan los momentos de mayor intimismo. En "A verdade do poeta", una extraordinaria canción de su autoría, llora la muerte de su amigo, el poeta azoreño João Mendonça. La ranchera mexicana adquiere un carácter introspectivo en su sorprendente y desnuda versión de "La llorona" de Chavela Vargas. Este primer disco prosigue con el recitado del poema "Ao bem de amar" del brasileño Gastão Neves, con el acompañamiento a la guitarra de Manuel de Oliveira. Esta parte en directo se cierra con una revisitación al fado popular "Há festa na Mouraria" y una exquisita instrumentación: piano, flauta y violonchelo.
En el segundo disco de " O coração tem três portas" se produce un cambio de registro. Las músicas se grabaron en la iglesia de Santa María de Óbidos y en el Convento del Cristo de Tomar y adquieren una energía más espiritual. La apertura se produce con una pieza instrumental "A charola" que destila un aroma barroco. El ensemble de violines, oboe y arpa da paso a las voces al unísono de Dulce y la gallega Uxía que interpretan "O meu porto do Graal", una metafísica reflexión sobre el presente de Portugal, donde se pide al pueblo que deje de lamentarse y sea protagonista de su destino. Carlos Núñez pone la guinda a esta épica composición pontesiana con una flauta que evoca ambientes marinos.
Con una nueva adaptación de "Há festa na Mouraria" regresa el fado, pero la cantante adopta un lenguaje próximo al de la música clásica de inspiración religiosa, con coro y órgano de tubos incluido. En su interpretación se advierten articulaciones sopranísticas en la voz. "As mãos que trago", una de las dos revisiones que hace de Alain Oulman, el mayor compositor de fados de todos los tiempos, tiene una incidencia sutil en Bach. La garganta de Dulce adquiere un dramatismo descarnado y la tesitura es altísima. "Senhora" es otra composición original que camina entre la trova y el fado de Coimbra, sin ningún parentesco con el lisboeta. De la tristeza de esta canción se pasa a la popular "Avé-María sagrada", un fado de carácter religioso, de sencilla belleza y un acompañamiento hermoso a cargo de las guitarras de Fernando Silva y Paulo Feiteira. En "Tenho uma casa no Sul" vuelve la voz de la fantástica Uxía, en una pieza que rebaja la densidad del segundo disco. Ambiente folclórico y optimista, con una curiosa reminiscencia de la tarantela italiana. "Os amantes" es una adaptación de "Les amants de Teruel", una obra que compuso Mikis Theodorakis y que cantó Edith Piaf a principios de los 60. Vuelven los ecos del fado de Coimbra. Arte en estado puro. "Uma caixa de pó" capta el ambiente medieval de las antiguas piedras de Tomar y Dulce interpreta la canción con una pureza tímbrica llena de matices. "É de torre mais alta", la otra revisión de Oulman, es un diálogo entre la melodía original, un fado-canción, y el impresionismo instrumental deudor de Claude Debussy. Como si se tratara de un bonus track, el disco se cierra con un remix de "Folclore", una versión electrónica y exuberante, de colorido multiétnico. Voces y sonidos (indios, celtas, africanos, árabes) que recuperan las culturas que enriquecieron esa identidad llamada Portugal.
Dulce se despide con ambient-folk como colofón a "O coração tem três portas", un océano de emociones que contagia vida.
Maxi de la Peña
(Prólogo del nuevo CD de Dulce Pontes "O coração tem três portas")
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