|
En escena, parece no una dama, sino una sacerdotisa de la canción. Alejada de los micrófonos, se acomoda en el sofá de un céntrico hotel de Madrid cual chica-de-la-puerta-de-al-lado. Dulce Pontes está de regreso. Y lo hace con un disco doble bajo el brazo, O coração tem três portas, grabado en directo en lugares como el Convento de Cristo, en Tomar, o la iglesia de Santa María de Óbidos.
Ovelha negra, Cigano, A verdade do Poeta, O meu Porto do Graal, Os amantes o As mãos que trago salpican la cuidado edición de O coração tem três portas, que se completa con un DVD registrado en Estambul, una ciudad donde también triunfa. Es ella en plena liturgia neofado, aunque no sólo. Porque, si algo distingue a esta estilizada cantante es su apertura estilística, plasmada en un repertorio que lo mismo bebe de Amália Rodrigues como respira aires mediterráneos o se lanza a fusionarse con el maestro Morricone.
Recién llegada del mismísimo Carnegie Hall neoyorquino, la intérprete (palabra que le va como anillo al dedo por la dramatización vocal que le caracteriza) se dispone a iniciar mañana una larga gira por España. Abre fuego en Sant Cugat (Barcelona) y, posteriormente, actuará en San Sebastián (11 de junio), Madrid (13 y 14), Valencia (16), Ceuta (14 de julio) y Jerez (23). La siguiente fase de su tour llegará en octubre: Santander (19), Pontevedra (20) y Barcelona (24).
O sea que Dulce Pontes vive un momento dulce justo cuando le quedan pocos meses para celebrar sus 20 años de fructífera trayectoria, como recorre en el evocador álbum. A la hora de mirar atrás, tiene muy claros cuáles fueron los peores momentos: los comienzos. Pero no por la precariedad que pudiera imaginarse. Es que, a comienzos de los años 90, arrancarse por fado en Portugal significaba que te mirasen con desdén por cantar "esa música salazarista". Lo recuerda con amargura: "Se consideraba un sacrilegio cantar a Amália Rodrigues. Casi nadie escuchaba fado. Si todo cambió, es por una nueva generación de fadistas, en la cual me incluyo. Pero hay que tener memoria y no olvidar, por ejemplo, que Amália estuvo a punto de suicidarse por esa identificación entre fado y salazarismo, cuando resulta que ella contribuía dando aportaciones económicas al Partido Comunista. En cambio, João Afonso no era comunista, aunque sí fue utilizado por este partido".
Palabras que la hacen ponerse muy seria, como cuando desmiente la supuesta batalla entre ella y otras divas del fado actual: Mísia, Kátia Guerreiro, Cristina Branco, Mafalda Arnauth, etcétera. "¿Guerra? Yo no entro en eso. No es mi forma de ver la vida. Sería una falta de respeto a la memoria de Amália, además. Cada una de nosotras sigue su propio camino". Todas ellas, eso sí, tienen en común el sentir una gran admiración por la que fue gran faraona del fado. Por supuesto.
El Mundo 31/05/07 (Francisco Chacón)
(artículo sólo accesible mediante suscripción)
|