DULCE PONTES No official web site

"Cuando el genio halla la música, incluso el tiempo se para a escucharla"

Inicio
Audio
Vídeo
Biografía
Conciertos
Discografía
Colaboraciones
Fotos
Noticias
Prensa
Habla Dulce
Habla la platea
Guestbook
Contacto Contacto
Idioma
Suscríbete al
Últimas noticias
Encuesta
¿Cual de estas colaboraciones de Dulce Pontes te gustó más?
 
Buscar
Visitas
Visitantes: 300854
RSS (Sindicación)
Inicio arrow Prensa

Duende y genio en Pontevedra
jueves, 14 de agosto de 2008
pontevedra.jpgEl cielo dio tregua en Pontevedra el martes por la noche y dejó lucir las estrellas, pero solo las más dulces. Y lucieron. Aunque al principio despistaron al público con una presentación de sonidos africanos y con la sensación de que voces tan dispares no podrían compenetrarse, finalmente el duende y el genio se dieron la mano para fundirse en una sola voz, Dulce Estrella, el título unificador de la gira conjunta de la portuguesa Dulce Pontes y la andaluza Estrella Morente .

Pero las constelaciones también deben brillar con luz propia, y el flamenco de Morente le robó al público palmeos y bailes. Una seguidilla, luego un tanguillo y después una sevillana muy rápida bajo la mirada de su marido, el torero Javier Conde, entre el público. Un despliegue de arte y maestría de la hija del maestro Enrique Morente. La granadina se convirtió en «torbellino de colores, reina del temperamento, la de la bata de cola, ¡Lola!», en honor de la Flores.

Y Estrella dejó paso a Dulce, de negro, la pasión gemida y lamentada. El desgarro del sentimiento, en una poderosa voz domada al antojo de su dueña, consiguió el silencio emocionado del público. Fue reina de los fados en la tierra de sus « irmaos do Norte».

Dulce divertida, inquieta e impulsiva, y Estrella racial, serena y señora. La intérprete lusa tapaba con gracia los pasos flamencos de la granadina.

El público se entregó con Volver, pero emocionó el beso en la frente de Dulce a Estrella en Cançao do mar, en un concierto lleno de gestos de complicidad: «¡Gracias maestra!», le espetó Morente a Pontes por haberla guiado en su nueva andadura. Se convirtieron en dos ríos que confluyeron en María de Buenos Aires y en Gracias a la vida, en el que recordaron a las grandes de la música: Rocío Jurado, Amalia Rodrígues y, por supuesto, Lola Flores. Una canción en honor de todas las mujeres que trabajan. Y un final que dejó entre el público un solo pensamiento: «Gracias, Dulce Estrella».

La Voz de Galicia

Comentarios (1) | Cite este artículo en su sitio | Veces visto: 312


 
Fusión de divas ibéricas
jueves, 07 de agosto de 2008
perelada.jpgEstrella Morente y Dulce Pontes agitan el festival con su trabajada mezcla de estilos.

Juntas pero no revueltas? Las dudas tras un inicio en el que la fusión dejó interrogantes sobre el resultado final se despejaron en una arrolladora segunda parte. Ahí, el talento y la fuerza de la flamenca Estrella Morente y el desgarro y calidez de la fadista Dulce Pontes acabaron ligando con evidente complicidad un potente ensamblaje de voces, músicos y ritmos. Fue una noche de copla, flamenco, fado, tango y poemas que navegaron con timón firme sobre el caudaloso río de este espectáculo dedicado al agua.

Expectación en Peralada para ver a las dos divas ibéricas. Y curiosidad para percibir las ciclónicas consecuencias de este hermanamiento hispano-luso. En escena, media docena de músicos de cada país entregados a la mezcla de sonidos o simplemente al servicio de las cantantes cuando su rol pasaba a ser individual. Guitarras flamencas y portuguesas, percusión, palmas y cante se unieron sin problemas para servir a un espectáculo muy bien iluminado y escénicamente vistoso, en el que el blanco y el rojo, con ocasionales e intencionados topos, del vestuario de las artistas jugó con un fondo negro.

La aparición, con un halo de misterio, de las dos cantantes para situarse reclinadas junto a un tambor de agua y dar vida a las lorquianas Nana y Canción de los pastores sorprendió al personal. Decibelios a tope y un cierto griterío dificultaban el empaste de voces y hacían pensar que tal vez no merecía la pena que dos artistas que no lo necesitan asumieran el riesgo de la mezcla.

Experimento, sin embargo, encomiable y belleza plástica incuestionable. El espectáculo empezó a ganar cuerpo en el momento en que Estrella fue más dulce y Dulce más estrella de lo suyo. Eso ocurrió, sobre todo, al llegar a Chiquilin de Bachin de Piazzola y con Poema Estrella y Como nossos pais. Antes habían interpretado Pregones, Leva leva, una delicada Milho verde y la popular e infalible copla Los cuatro muleros.

El desfile por los palos del flamenco de una Estrella, muy guapa y dominadora del escenario que sabe llenar con su dimensión de artista total, cerró un esperado apartado en el que brilló la prodigiosa guitarra de su tío Montoyita. Pasión e intensidad para dar paso a una Pontes sumergida en la melancolía del fado, que cantó con sensibilidad y derroche de facultades.

Flores de la una a la otra. Y en plan colegas enrolladas causaron el delirio con una teatralizada María de Buenos Aires, una ajustada versión del tango Volver, una impresionante Cançao do mar cantada con emoción y precisión, y con la preciosista Zambra. El bis con el comprometido Gracias a la vida de Violeta Parra, dedicado a las mujeres, se convirtió en una prolongada celebración en la que participaron todos los músicos mientras el público bailaba y cantaba en la platea. Inolvidable.

El Periódico

Clica aquí para ver el mini reportarje de TV3.

Reportaje de Canal Nord TV:


Comentarios (0) | Cite este artículo en su sitio | Veces visto: 333

 
Grandes vecinas
martes, 05 de agosto de 2008

571274154605499-2.jpg

En 1988, en el disco De color de rosa, Los Coyotes de Víctor Abundancia hacían a Portugal toda una declaración de amor a través de la canción Mi vecinita. Portugal, tan cerca y a veces tan lejos, dándose durante años la espalda con España (o al revés, como prefieran), pese a que los dos países están unidos por una Historia próxima y, musicalmente, han bebido en algún momento de las mismas fuentes sonoras. Ahí tenemos, sin ir más lejos, a una danza sevillana llamada fandango, producto de influencias árabes, gitanas y africanas, que tuvo parte de su cultivo en el Nuevo Mundo, y que formó en el Portugal del siglo XIII, junto con la fofa y el lundu (éstas importadas de Brasil) el trío más popular de formas rítmico-coreográficas populares; formas anticipadoras de aquella que, conocida como fado, vería en el siglo XIX realizar su síntesis, pasando de la taberna a las salas para convertirse en canción.


Síntesis de lo español y lo portugués, sirviéndose en ocasiones de otros códigos, es lo que buscan Estrella Morente y Dulce Pontes con el espectáculo Dulce Estrella, en un diálogo de vecinas bien avenidas, que el domingo presentaron en la Expo, ante un público numerosísimo y con una temperatura del carajo (por lo elevada, claro). Las dos artistas recuperaron así el concierto previsto para el pasado 11 de julio, y que se suspendió por la lluvia.


Estrella y Dulce, Dulce y Estrella; dos grandes intérpretes, dos divas (cada una a su manera) compartiendo canciones, sentimientos y emociones, en una propuesta en la que también hay tiempo y lugar para demostraciones individuales de poderío. Una oferta, dígase ya, atractiva en su conjunto y ajustada en su formato, aunque necesita, más que retoques estructurales, ligeros ajustes interpretativos. Y es que no es fácil lograr el equilibrio cuando entran en juego dos personalidades tan fuertes (y dos voces tan poderosas) como las de Estrella Morente y Dulce Pontes. Funciona la complicidad en el intercambio idiomático y en las transiciones de lo español a lo portugués y viceversa (no digo del flamenco al fado y al revés, porque las dos intérpretes exceden individualmente los límites que marcan ambos géneros), y funciona la mixtura sonora compartida, en la que laten (patrimonio común) lo árabe y lo africano.

Esa subida de tono, en la bien avenida y mencionada conversación musical de vecinas, es más notoria en la primera parte del espectáculo, antes que Estrella y Dulce, cada una por su lado, ofrezcan sendas y notables muestras de su arte. En la parte final, abordando juntas piezas como María de Buenos Aires, Canción del mar y Gracias a la vida, ajustaron impulsos para confeccionar una brillante y vibrante despedida.


El Periódico de Aragón

Comentarios (0) | Cite este artículo en su sitio | Veces visto: 343

 
Entente ibérica
lunes, 04 de agosto de 2008
expo.jpgDulce Pontes y Estrella Morente crean en La Granja un original espectáculo repleto de hondura y divertida complicidad.

Compartimos una larga frontera vertical y una historia repleta de intentos de fagocitar al hermano cuyos efectos duran más de lo deseable. España y Portugal quizá hayan superado el odio mutuo, pero todavía no han pasado de la indiferencia. Salvo excepciones como la que propina el encuentro de dos voces extraordinarias, aliadas por impulso artístico y algo sobrenatural, porque la química que derrochan Estrella Morente y Dulce Pontes en este feliz experimento titulado 'Dulce Estrella' no es sólo un elemento de marketing: se admiran, juguetean, se intercambian repertorio y se miran a los ojos tan profundamente que en ocasiones parece que se vayan a derretir.

Ambas hicieron escala en el Festival de Música y Danza de San Ildefonso, cuyo Ayuntamiento ha recuperado un espacio, el patio de la Real Fábrica de Cristales, con buenas hechuras de festival, un aforo cercano a las 2.000 personas y entidad suficiente como para acoger producciones tan ambiciosas como esta gira.

Al grano. Una decena de músicos aparecen en el escenario de blanco virginal. Después de unos minutos, Estrella Morente y Dulce Pontes aparecen sobre las tablas, entre reclinadas y arrodilladas, haciendo latir un tambor de agua. Suena la 'Nana de los Pastores' y comienzan a empastarse las voces y los espíritus. Dulce cambió el blanco por el rojo y Morente combinó ambos tonos.

Parecía entonces que la noche transcurriría por las sendas esperadas, pero no. En la primera parte la granadina y la lusa se entregaron a una travesura musical cercana a la 'performance', interpretando libremente en voz y movimiento la música que la banda proponía. Estrella gamberra, Dulce simplemente desatada, quizá exageradamente cómica. Y el público algo desconcertado.

Entiendo que con esta declaración rupturista soltaron nervios y se desmitificaron mutuamente, un ejercicio muy honesto según lo tiempos que corren. Porque ellas son inmensas, y el público se lo reconoce, y por esos mismo conviene bajar a la tierra para construir algo verdaderamente nuevo y distinto.

Fueron divertimentos previos a las respectivas honduras. Primero quedó sola la Morente, quien encandiló al público con su flamenco profundo y deudor, con esa voz que torna en ronco sentimiento y esa presencia indiscutible que la predispuso para llenar escenarios. Estaba guapa y creíble.

Voz extraordinaria

Y luego llegó Dulce Pontes. No se pueden cantar mejor los fados. La carne de gallina no por el frío propio del estío granjeño, que se portó, sino por la pasión con la que interpretó, por ejemplo, el estupendo 'Maldiçao'. Su voz es tan extraordinaria que incluso supera el nivel saludable de decibelios, pero a un caballo de carreras no se le puede pedir suave trote. La portuguesa es un fenómeno de la naturaleza, un portento que llegó la primera al reparto de voces y eligió la más enérgica, la más contagiosa, la más espectacular.

Tras los respectivos lucimientos, de nuevo la entente cordial, la unión que terminó de encender todos los fuegos. Raciales y algo teatreras en el tango de Piazzola 'María de Buenos Aires'. Encantadoras reviviendo el 'Volver' que la Morente regaló a Almodóvar. Impresionantes en una larguísima versión de 'Cançao do Mar', quizá el estandarte de la fadista. Y estruendosas, festeras, comprometidas y entusiastas en el cierre con 'Gracias a la vida' de Violeta Parra. Dedicado a las mujeres.

El Norte de Castilla

Comentarios (1) | Cite este artículo en su sitio | Veces visto: 383



 
Dulces y apasionadas estrellas
viernes, 01 de agosto de 2008

pamplona.jpgLa gira Dulce Estrella llegaba a Pamplona hermanando a seguidores del flamenco y a fadistas, a los seguidores en general de la música con alma, desgarrada y que dos mujeres supieron recrear no sin correr riesgos y recrear divirtiéndose en un ejercicio no falto de improvisación y juegos musicales. Para muchos, parte del planteamiento del concierto fue una auténtica sorpresa ya que esperaban un recital más convencional y no con tantas licencias.

Pero si la música en directo tiene siempre un gran arma a su favor, esa es sin duda la capacidad de sorprender. Y su gran aliada es la idea de que cada concierto, a nada que fluya el duende, tiene el don de lo irrepetible. Pasó allí y una sola vez, y eso fue un placer para la vista, el oído y el paladar de aquellos que degustaron también en Baluarte a dos mujeres con talento, con ganas de probar y de buscarse en el encuentro cultural-musical.

En su concepto, Dulce Estrella está concebido como un homenaje al agua en el año en el que reflexionamos sobre la sostenibilidad del recurso más preciado de nuestro planeta. La puesta en escena resultó embaucadora, elegante, con las cantantes luciendo juego de colores de rojo y blanco en los vestidos mientras, dispuestos en dos gradas, el amplio grupo de músicos que les flanqueaban a la espalda -rítmica y percusión a la izquierda, cuerdas y vientos a la derecha- vestía totalmente de blanco. La luz fue tan sencilla como refinada en sus juegos y recortes, siempre en colores básicos, sin apenas mezcla, que sugerían sentimientos o elementos básicos en binomios rojo-fuego-pasión, azul-agua-frescura, blanco-amor-entrega, negro-noche-destino, según el hilo de las historias interpretadas y ellas guapas, guapísimas.

Pero en esa noche de sorpresas, antes que en exhibición vocal desde el primer momento, el recital comenzó con los músicos, creando un ambiente y jugando con los sonidos para que Dulce y Estrella improvisaran juntas. A ese tema le siguió una nana también interpretada por ambas cantantes, y esa constante de alternar interpretaciones más convencionales con temas más arriesgados en su sonoridad y armonía, se mantuvo durante todo el recital. Así que para esa primera parte en la que flecharon juntas al respetable, aprovecharon la esencia y la estructura de la música tradicional tanto portuguesa -más en el folk que en el fado- y en el espíritu del sur más que en el flamenco para trenzar momentos en que brillaron desde el puro talento, pero no por el temple ni la belleza concienzudamente ajustada de las dos voces, sino por pasión interpretativa.

Los que acudieron a escuchar voces hermosísimas, ajustadas en cada canción a lo más convencional, encontraron más bien efervescencia, ímpetu, calor, alegría y entusiasmo. Y en ese sentido, en su concepto, el espectáculo sonoro podría haber tenido mas trabajo previo de ensayo, antes que dejar tanto peso al talento y la capacidad de improvisar de ambas cantantes y sus excelentes músicos -sobre todo los extraordinarios Montoyita y Filipe Lucas-. De cualquier forma es encomiable que Dulce y Estrella se hayan decidido por esa vía valiente que les aporta mucho tanto a ellas como al público.


Después de esa primera parte tan sorpresiva hubo una segunda más convencional con cada una en solitario con su grupo de músicos. Comenzó Estrella, que tardó poco en arrancarse con un fervoroso saludo de "¡Viva Pamplona. Viva la tierra de mi tío Sabicas!" . No olvidemos que la granaína comenzó en el cante con sólo ocho años cantando acompañada por la guitarra del pamplonés Sabicas. Estrella se adornó en unas alegrías, interpretó también Los cuatro muleros, una de sus grandes favoritas y una soleá dedicada a Pastora Pavón, La Niña de los Peines, en la que su tío Montoyita embelesó en su inspiración en la falseta, el dominio de los arpegios y las notas graves. Siempre supo acompañarle con notable mesura y control del volumen no sin renunciar a su duende y su profunda inspiración en el toque. Perfecto para una Estrella que en su dúctil voz sabe medir como pocos el melisma y es un ejemplo de temple y de bien plantá. Le siguió Dulce, que antes que ir a sus grandes éxitos prefirió interpretar clásicos del fado que en su día inmortalizó la gran Amalia Rodríguez. Fue de menos a más, con ese poderío vocal -potencia y tesitura- que le hace llegar donde quiere y que con los años y la experiencia le ha ayudado a controlar y trabajar mejor las notas más graves.

La parte final iba a deparar aún más sorpresas. Vestidas en negro, comenzaron de nuevo juntas con una entregadísima versión de María de Buenos Aires de Piazzola. Pero el homenaje argentino continuó con Volver, el clásico de Carlos Gardel, también intensísimo y apasionado antes que refinado en ambas voces. Estaba claro que se divertían y jaleaban. Estrella le llamaba "maestra" a Dulce y la lusa le levantaba el brazo y le arengaba cada vez que podía. Así que en esta tesitura rayaron a gran altura en Cançao do mar, tema que en su día lanzó al estrellato a Dulce y la llevó a ser considerada como la gran voz de Portugal.

El público agradeció el esfuerzo, la originalidad, la entrega, la simpatía y el talento expuesto y rápidamente se puso en pie al unísono cuando se despidieron. Pero hubo propina, primero con unos jaleos muy flamencos con los coristas teniendo su momento y todos a viva voz, pasos de baile incluidos incluida una Dulce, a la que le hicieron bailar un taconeo descalza -Dulce siempre actúa descalza-. Se fueron con una también apasionada versión de Gracias a la vida, con las dos cantantes desatadas y felices en una noche en la que Pamplona se rindió a su talento.

Diario de Navarra

Comentarios (0) | Cite este artículo en su sitio | Veces visto: 326

 
Dulce puente hacia las estrellas
domingo, 27 de julio de 2008
1217151745924.jpgPretender que artistas de la talla de la granadina Estrella Morente o la portuguesa Dulce Pontes se encorseten en un único estilo es como pedirles que dejen de ser ellas mismas. La cosa va de mezclas y no, no vamos a pedir perdón por transgredir la ley de la ortodoxia, no vamos a intentar justificar que el artista debe expresarse como le dé la real gana, sin ataduras, sin prejuicios, sin censuras. Se imaginan que, a día de hoy, en pleno siglo XXI, con toda la información de la que puede disponer un artista de nuestro tiempo, éste se limitara a no ir más allá de lo que en su día hicieron los denominados clásicos. Hombre, por Dios, el tema ya tendría que estar más que zanjado, pero nada, no encontrarán ustedes crítica al espectáculo Dulce Estrella que no haga referencia a esta idea de la mezcla y fusión, para cuestionarla o desprestigiarla de algún modo: Fadenco, ellas mismas se han encargado de advertirlo y de vociferarlo a bombo y platillo. Me parece genial el palabro. La cuestión es que ni Estrella Morente puede borrar de su disco duro las canciones de Serrat, Ketama y, por supuesto, Pastora Pavón; ni Dulce Pontes puede tirar a la papelera de su escritorio mental las influencias del piano de conservatorio, de la música de danza o de los ritmos africanos, medievales y mediterráneos que ha ido adoptando en sus composiciones. Y si el año pasado Estrella, acompañada por su marido el torero Javier Conde, acude al concierto que Dulce Pontes ofreció en el Alcázar de Jerez y se queda prendada de la voz de la portuguesa y se conocen y nace una amistad y su sensibilidad anima a ambas a dar un paso más en su carrera, pues adelante. Al final todo se reduce a algo mucho más básico y sencillo: ¿Qué nos hicieron sentir Estrella y Dulce, Dulce y Estrella, a los privilegiados que ayer pudimos disfrutar de su espectáculo dedicado al agua y la vida en el Castillo de San Sebastián. ¿Emocionaron o no? Y por utilizar la tan flamenca expresión... ¿Dieron pellizco o no?

Coraje, cariño y nobleza

Lo cierto es que el reto que tenían por delante Estrella Morente y Dulce Pontes era bastante enmarañado y lo salvaron con nota. Le echaron coraje y le pusieron cariño y nobleza. Entraron en el escenario a las once y diez de la noche. Dulce por la izquierda, totalmente de blanco y con el pelo muy corto, casi rapada. Estrella por la derecha, también de blanco, poniendo la nota de color con su manton de manila rojo, y una flor del mismo color en su pelo recogido. Comenzaron a capella, y es obvio que el trabajo en los ensayos, a medida que avanza esta popular gira que desembocará en la Bienal de Flamenco en Sevilla, va dando cada vez mejores frutos.

La propuesta actual de dos renovadoras natas como son Dulce Pontes y Estrella Morente, bien acostumbradas a pisar en terrenos de todo tipo, se salta todos los guiones preestablecidos. La clave es la fusión en la cumbre y sin fronteras del instrumento más importante, el que más nos tiene que herir en su espectáculo: la voz.
Ambas artistas abrieron el concierto sentadas sobre la tarima, jugando con el agua del barreño, e interpretando canciones populares de España y Portugal, como la Nana de los Pastores, el Leva, Leva, o el Mihlo Verde. La dualidad hermana de la sorpresa y prima de la calidad no nos abandona. Cuando las artistas bajan de la tarima y se mueven como sólo ellas saben hacerlo ocurre lo mismo. Los cuatro muleros pone música a un nuevo remate de alianza en el cante y los movimientos.

Al temple

Estrella, torera y flamenca al temple; Dulce, juguetona coqueta y danzarina con su baile. A la media hora, la granaína deja sola a la portuguesa para dar paso a los relevos en escena. Varios espacios en los que cada una ataca su repertorio más tradicional, a solas con sus músicos. Cuando la hija del maestro Enrique lo hace es para regalarnos, ahora ataviada con su falda flamenca de volantes, unas magníficas alegrías de Cádiz o para dedicarle un cante a su querida Málaga y a su torero. Dulce Pontes también aprovecha su turno para cambiarse y salir de riguroso negro. Con Maldiçao nos congela la sangre y se gana que alguien incluso le pida María la Portuguesa, a lo que simpática responde que aún no se la ha aprendido.

El remate final comienza pasadas las doce y media, con los ya clásicos de los repertorios de ambas, que son recibidos entre grandes ovaciones. De nuevo unidas bajo el manto azul de una espléndida noche de verano, con Estrella también de negro, se atreven con el tango María de Buenos Aires. Y enlazan con Volver, de Estrella, y Cancio do mar en dos nuevas versiones que no hacen más que ensanchar las amplísimas latitudes de ambas obras maestras. Anoche, en la Caleta, la Morente y la Pontes trazaron un dulce puente hacia las estrellas, y desde allá arriba, éstas vieron cómo se borraban las innecesarias fronteras del mapa que dibujan una división entre España y Portugal.

*Más fotos del concierto de Cádiz en FOTOS

La Voz de Cádiz

Comentarios (0) | Cite este artículo en su sitio | Veces visto: 328

 
Vaya par de damas del cante
jueves, 24 de julio de 2008
1216899504820.jpgLas artistas Estrella Morente y Dulce Pontes actuaron la pasada noche en el Auditoio Miguel Delibes de Valladolid, en un concierto organizado por Caja de Burgos y que se encuentra dentro de los actos conmemorativos del veinte aniversario de la presencia de la entidad en la capital. El concierto completa un programa variado que Caja de Burgos ha llevado a cabo en los últimos meses entre las que destacan las actuaciones en el Polideportivo Pisuerga de Chambao o Pereza, entre otros.

El espectáculo lleva el título de 'Dulce Estrella', ya que es un proyecto conjunto en el que la cantante portuguesa Dulce Pontes y la cantaora granadina Estrella Morente unen por primera vez sus voces.

Trece músicos, vestidos de blanco, fueron los primeros en entrar ordenadamente al escenario; cuando estuvieron ya colocados en sus respectivos puestos, Dulce Pontes por la izquierda del escenario y Estrella Morente por la derecha, se encaminaron al centro de las tablas con un paso firme y lento, como el de una novia que se dirige al altar el día de su boda.

Ambas de blanco, con ciertas notas de color, se sentaron, se miraron y comenzaron a cantar. Primero Pontes sacó su grito mientras Morente la miraba atenta.

Las primeras canciones estuvieron acompañadas de los jugueteos con el cuenco de agua alrededor del cual se sentaron al principio del espectáculo. Ambas sumergían sus manos como niñas en una fuente, niñas bajo la atenta mirada de sus padres a los que sin contestar vigilan. Esos padres eran el público con el cual jugaban indirectamente, porque ya le llegaría el turno más adelante.

Pontes y Morente se lavaban las manos, purificando así su cuerpo y, mientras, sus almas volaban libres a través de su voz. Pero estas dos damas demostraron que ni pasarse el agua de unas manos a otras ni cantar es un juego de niños, aunque se ríen cómplices mientras interpretan tanto composiciones populares como temas creados para la ocasión.

Después de una primera parte en la que cantaron frente a frente, llegó el momento de mirar al público. Porque no se les había olvidado el mundo, aunque en esa mezcla de flamenco y fados que interpretan parezca que solo existen sus voces, ni músicos que las envuelven ni nada, sólo su canto sentido salido del alma.

Cara a cara con el respetable aumentaron las miradas cómplices, los guiños personales que han ido creando durante la preparación de esta gira de once conciertos que terminarán el 13 de septiembre en la decimoquinta edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla.

Como ellas mismas han resaltado en varias ocasiones 'Dulce Estrella' «no es un concierto de dos personas, sino de dos intérpretes que forman una sola», pero una sola que se desdobla y se une infinitas veces. A veces es temperamental, gitana y muestra su potencia con los brazos clamando al cielo, y otras es una especie de ninfa del bosque que baila levemente por el escenario contagiando todo su ritmo y alegría a quienes gustan de mirarla atentos.

Además, esta dualidad se refleja también en sus atuendos. Dulce Pontes lleva un vestido de seda blanco con lunares verdes y marrones, bien acompañado por la desnudez de sus pies, que la hacían moverse de un lado al otro del escenario como empujada por el viento, que bien podría ser la misma música. Por su parte Estrella Morente se metió en un vestido blanco puro con escote palabra de honor que adornó con un mantón rojo, una flor en el pelo del mismo color y unos tacones, que se hicieron notar cuando abandonó el escenario por primera vez, como un caballo jerezano en una exhibición.

En solitario

En el espectáculo también hubo tiempo para un par de canciones en solitario de las artistas. La cantante de fado gesticuló y flotó por el escenario con su sentida canción portuguesa, mientras uno de los percusionistas marcaba el ritmo de sus pasos y sus palabras. La flamenca, por su parte, se hizo acompañar por una guitarra a su vera, al pie del escenario, donde ella también se sentó, además de varios palmeros, otra guitarra y más percusionistas que hicieron enloquecer al público vallisoletano con el verdadero cante del sur de la Península.
Y es que aunque por la capital castellana y leonesa tildan a la gente de fría, es seguro que la gente sabe apreciar mejor que en ningún otra parte lo bueno, como ocurrió la pasada noche.

El Norte de Castilla

*Más fotos en la galería de FOTOS

Comentarios (0) | Cite este artículo en su sitio | Veces visto: 296

 
Estrella Morente y Dulce Pontes, pasión ibérica
miércoles, 23 de julio de 2008

lorca22.jpgLa cantaora y la fadista conquistaron ayer al público del Patio de Conde Duque

Noche ardiente de los Veranos de la Villa fuera y dentro del escenario. Aunque en éste más bien pasión. La pasión humana y sobre todo artística que derrocharon dos mujeres nacidas –con 11 años de diferencia– para entenderse. Dulce Pontes y Estrella Morente. Dos fuerzas de la naturaleza y el arte con matices diferenciales de edad y trayectorias profesionales, que revolucionaron literalmente de gozo y arte el atestado Patio de Conde Duque, con el papel agotado desde hacía varias semanas. Las dos consiguieron hacer en esta inolvidable noche más por el entendimiento entre portugueses y españoles que siglos de tibia convivencia.


Ráfagas de genialidad


Dulce y Estrella, dos divas, dos mujeres que comparten territorio y amor por la música, desde la canción y el cante, desde el fado y el flamenco. Versátiles, imprevisibles, con ráfagas de locura y genialidad, transitaron con maestría desde la música de raíz de sus respectivos repertorios a otros campos de la música: tangos de Piazzola y Gardel.
Lisboeta y granadina, desbordando felicidad en compañía, compartieron muchas más cosas: voces privilegiadas, dominio plástico de sus cuerpos, belleza y elegancia; energía y sensualidad en cada uno de sus pasos, gestos y poses; compartieron una enorme capacidad intuitiva que les permitió improvisar y alcanzar la grandeza escénica. Y compartieron el melisma ibérico: portugués y andaluz. Aquí la unión fue perfecta cuando cantaron conjuntamente temas folclóricos populares: «Los cuatro Muleros», pregones, cantos de negros brasileños, junto a otros de García Lorca, José Afonso y Enrique Morente. Secundadas siempre por un eficaz grupo hispano-portugués de excelentes músicos, fadistas y flamencos, el recital alcanzó su cénit con un público entregado cuando Dulce y Estrella interpretaron al alimón temas como «Canción del Mar» de Amalia Rodrigues, «La Zambra» del disco «Mujeres» de la Morente y «Gracias a la vida» de Violeta Parra.


La razón

Comentarios (0) | Cite este artículo en su sitio | Veces visto: 373

 
Dulce abrazo de pasiones
miércoles, 23 de julio de 2008

madrid1.jpg
















Dicen que la casualidad suele improvisar a buenos compañeros de viaje. Alguien podrá contar alguna vez que el destino reunió bajo el cielo negro y brillante de Los Veranos de la Villa al fado y al flamenco. Ocurrió anoche, fue un sueño alegre y nostálgico que alguien bautizó como Dulce estrella.


Fadenco, no olviden ese nombre. Puede que brotara un día como entre dientes de la boca de una de las dos protagonistas de la velada, pero es lo mejor que puede representar ese híbrido que forman Estrella Morente y Dulce Pontes, representantes del nuevo flamenco y el nuevo fado. A pesar de ese aire moderno que le insuflan al género, siguen teniendo en las entrañas ese dolor punzante, esa emoción que no deja de emanar arte.

El Conde Duque estaba a rebosar para iniciar ese viaje por el duende y el alma. Apenas unos minutos pasaban de las 21.30 horas y las dos artistas salían al escenario. Demostraban así que ninguna había de llevar la voz cantante. Cada una emergiendo de un lado del escenario para tocarse en el medio, y arrodillarse junto a un barreño de agua en el que flotaba una pelota hueca de madera. Ese mismo barreño, que al contacto de las manos de las artistas simulaba el latido de un corazón, paría el espectáculo que empezaba, en ese mismo momento, a dar sus primeros pasos.

Y al recién nacido había que cantarle una Nana portuguesa, como manda la tradición, interpretada a capella por las dos artistas bajo una luz azulona, azul de agua.

Todo el equipo iba ceñido al color blanco, salvo Estrella, que ponía el punto de color con su mantón rojo. La música era como el agua, servía de unión de las manos y la voz.

Las dos se iban alternando con el portugués y el andaluz en los típicos pregones de Estrella y Leva leva, de Dulce. Ese tema despertó la primera ovación de la noche. Los seguidores de las dos tenían motivos para alegrarse de lo que servía de preludio al concierto.

Y en el entreacto, cada una se pegaba a su estilo de baile: Morente al braceo, Pontes a la contorsión, al son de un ritmo africano. Las dos bailarinas disfrutaban de un rato de locura improvisada.

Después asomaba un tema donde resonaban las cuerdas portuguesas. Las dos artistas empezaban a cantar el 'Milho verde' y, sin embargo, entre medias, un palmeo cambiaba la orientación de la canción transformándola en 'Los cuatro muleros'. En ese momento se hacía patente lo cerca que quedan el flamenco y el fado. Ahí el título comenzaba a comprender por dónde iba la fusión que venían anunciando las dos cantantes.

Luego eran las guitarras españolas o los rasguños típicos de la guitarra española los que entonaban la versión de Chiquilín de Bachín. Ahí iba el primer '¡olé!' Y por no saber qué decir en portugués, gritaban desde lejos un '¡bravo!'. Una señora decía, refiriéndose a Morente, desde la tercera fila: "es una niña pero sobre el escenario parece que tiene 50 años".

Hubo tiempo para las reivindicaciones. En una de ellas, entre líneas, Morente gritó a la noche "¡señor presidente, no dispare, los niños son inocentes!".

En la soledad del escenario

La primera vez que se quedó sola en el escenario, Pontes, que cambió el blanco por un vestido largo encarnado, interpretó lo mejor de su repertorio.

Luego sería Morente la que se quedara con la guitarra y la palma, en lo que bautizaron como "parte flamenca". Alguien que la esperaba zapateaba en los tablones de madera, que hicieron de suelo en mitad de ese popurrí de grandes éxitos. En esa intimidad consiguió sacar lo mejor de su voz y tocar el corazón de los suyos: "Quillo, que estamos en Madrid", le soltó a su guitarrista, como si ésta fuera una plaza difícil.

Más cerca de la fusión de los artistas que de los géneros, se encontraba ese mestizaje en el que Dulce sacaba quejíos que llevaba escondidos, quizá en la piel de algún antepasado, y Morente mecía su voz en portugués. Pero la Morente no puede dejar de ser quien es y sacaba a pasear el mantón de Manila, tentando a la oscuridad de la noche como si fuera el toro, y dejando en el caluroso recinto un tanguillo gaditano.

Pontes buceaba en la tradición portuguesa y extraía de la chistera viejas ofrendas que el público esperaba recibir, con su famosa 'Canción de mar' iniciada de forma exótica, lo que confundió al principio al público, hasta que las peculiares notas de la canción hicieron vibrar la memoria de los asistentes.

Se mezclaba el arte de las dos mujeres en su peculiar forma de entender algunas canciones. En 'María de Buenos Aires' se volvieron a encontrar las dos en el escenario y se besaron la mano. Morente iba con un vestido sexy de color lila y el cabello suelto, y Pontes, con los pies desnudos, le daba a la canción un toque de ironía. Las dos dejaban asomar su garra. Su particular forma de entender el tema Volver consiguió despertar una sonora ovación de los asistentes.

Interpretaron temas de siempre y terminaron devolviendo algo a quien tanto les ha dado con el tema 'Gracias a la vida'. Demostraron, pese a lo que algunos creían, que no fue un duelo, ni siquiera amistoso, sino una reunión de amigas que se acaban de conocer y que se entienden como si se hubieran visto desde siempre.

El concierto se fue más allá de la medianoche, entre homenajes y versiones de canciones. Recuerdos los hubo a pares, como los homenajes a la Niña de los Peines, Lola Flores, Rocío Jurado, Chavela Vargas o Amália Rodrigues, y una verdad reinando sobre las demás: Los dos cantos, el fado y el flamenco, salen del mismo pozo hondo. Y el deseo de más de uno de que se vuelvan a encontrar pronto.

El Mundo

Comentarios (0) | Cite este artículo en su sitio | Veces visto: 229

 
«El concierto es un homenaje al agua, elemento común a todo el mundo»
martes, 22 de julio de 2008
lorca7.jpgSon dos de las voces femeninas más destacadas del panorama musical peninsular y tanto Estrella Morente, en España, como Dulce Pontes, en Portugal, reciben el calor del público desde hace años. Han decidido unir su talento y están de gira juntas. Mañana llegan al Auditorio Miguel Delibes de Valladolid.

-Estrella, es conocida su admiración por Dulce Pontes, ¿cómo y donde surgió la idea de esta colaboración?

-E.M.: Pues surgió de una manera natural, y parte de la admiración que en mi casa se le tiene a Dulce, su música me inspira y me atreví, en uno de mis conciertos en Lisboa a cantar su fado, 'Canción del mar'. Nos conocimos en una rueda de prensa hace unos años en Madrid y comenzó a fraguarse la idea de lo que podéis ver ahora en los escenarios.

-Dulce, ¿qué destacaría de la obra de Estrella Morente?

-D.P.: Admiro el trabajo de Estrella, la vi en un concierto y me enamoré de su cante. Muchas cosas hay que destacar, su zambra, la forma cómo interpreta, su puesta en escena y la forma cómo canta y cómo baila. La idea de colaborar surgió de una forma natural.

-¿Cuál creen que es el motivo de esta falta de acercamiento a la cultura portuguesa por parte de los españoles?

-E. M.: Quizás pueda ser un poco por de falta de tiempo, porque como bien dices Portugal está muy cerquita nuestra, y hemos tenido un pasado común bastante conocido, nuestro folclore también se parece, estamos juntos en la misma península, compartimos ríos.. De todas formas pienso que sí que estamos cercanos, y que nos conocemos bien. Portugal es un país bello y os animo a vivirlo.

-D.P.: En España se conoce mucho de Portugal, y yo la siento como mi casa. En Portugal también hay mucho interés por la música gallega y por el flamenco.

-¿En que medida contribuye Dulce y Estrella a ese conocimiento?

-E.M.: Hemos intentado unir nuestras músicas, nuestro folclore, la expresión de nuestra cultura hecha música. No sé si contribuimos con eso a superar el desconocimiento culturales del que nos hablas, porque además no creo que existan. Prefiero saber que tenemos como hermanos a Portugal y que disfrutamos de ellos tanto como ellos de nosotros.

-Dulce, en España es usted una artista muy apreciada, ¿resultó complicado el darse a conocer aquí?

-D.P.: No especialmente, yo pienso que lo que hace a un artista, además de su búsqueda interior, es el público. Ni casa discográficas ni grandes campañas de marketing, aunque si que es cierto que existen excepciones.

-¿Cómo está resultado el inicio de esta gira que les está llevando por 11 ciudades de toda España?

-D.P.: La primera actuación prevista en la Expo de Zaragoza no se pudo realizar, el granizo y la lluvia destrozaron el piano y la mesa de sonido. En Córdoba también llovió, pero había que actuar de todas formas, aunque fuera sin luces, eso sí, la luna llena ayudo mucho. Tuvimos durante el concierto problemas de ruidos en los monitores debido a que los cables estaban mojados, fue algo caótico, estábamos al 40%, pero tuvimos mucha suerte, el recinto estaba llenísimo.

-E.M.: Es una experiencia maravillosa, estoy encantada con estar junto a Dulce, es una compañera impresionante ¡Me gustaría mucho que en vez de 11 fuesen 22!

-¿Cuál es el papel que juega el río Duero en el espectáculo?

-E.M.: Es un homenaje al agua, hemos querido hacerlo así porque el agua nos parece un elemento que tiene mucha presencia en la vida. Además el agua une continentes y creemos que es un elemento común a todos los rincones del mundo. El mar, los ríos, y por supuesto el Duero, que es vuestro río y el de Portugal, y que baña unos viñedos que dan un vino excelente, son importantes porque son parte de ambos países, porque nos comunican y nos unen.

-¿Son el fado y el flamenco dos lenguas hermanas?

-D.P.: Son estilos del alma. El duende en portugués no tiene traducción, pero existe. Se trata de emociones profundas, con sus diferencias, pero me gusta imaginar que las músicas más arraigadas, las que no se aprenden en las escuelas, sino que se transmiten de padres a hijos, son como hijas de una sola madre, un lenguaje previo a cualquier lenguaje hablado.

-Once músicos les acompañan, unos de acá y otros de allá. ¿Cómo es el trabajo en común?

-E.M.: Los músicos y la unión que tienen es lo más bonito de esta gira, el ver a mis músicos junto a los músicos de Dulce ha sido una experiencia riquísima. Hicimos unos ensayos en Málaga, y pedí que fotografiasen a los músicos, todos juntos, unidos por la música como si se conociesen desde hace mucho tiempo, es algo gratificante el saber que la música es un lenguaje universal. Y esa es la foto que me llevo de esta gira, la de los músicos de fado y los músicos flamencos.

-¿Que nos van a ofrecer el próximo miércoles?

-D.P: Ofreceremos música popular de ambos países. La temática del concierto es el agua... pero no tiene nada con la lluvia en Zaragoza y Córdoba... el cielo es muy grande y nosotros estamos en un espacio pequeño. Me encanta cantar 'Chiquilín' con Estrella. Es un concierto en plena evolución, que crece cada día. Aprendemos cosas nuevas y espontáneamente surgen nuevas formas de improvisación.

El Norte de Castilla
Foto: P. Tuset

Comentarios (0) | Cite este artículo en su sitio | Veces visto: 183

 
<< Inicio < Anterior 1 2 Siguiente > Final >>

Resultados 1 - 40 de 77